PIRANESI PRIX DE ROME, 2018
Proyecto premiado con Mención Especial y Reconocimiento Científico Organizado por Accademia Adrianea di Architettura e Archeologia Onlus


Arquitectos: Darío Álvarez Álvarez y Miguel Ángel de la Iglesia Santamaría, Sagrario Fernández Raga, Nieves Fernández Villalobos, Laura Lázaro San José, Carlos Rodríguez Fernández, Ana Elisa Volpini Gilabert y Flavia Zelli
Colaboradores: Miguel Bermejo Morán, Beatriz González Yagüe, y Alejandro Álvarez González

MENCIÓN ESPECIAL CON RECONOCIMIENTO CIENTÍFICO

El proyecto desarrolla el “Jardín de la Cultura”, un jardín concebido diecinueve siglos después del original, y que pretende contaminar todo el paisaje del río Aniene, tanto el rústico como el urbano o industrial, para crear una nueva mitología que relance la Villa Adriana, en una acción ambiciosa de futuro.
La herramienta fundamental del proyecto es la geometría, como lo fue en la propia Villa Adriana o en el Parque del Capitolio de Chandigarh (en una referencia inevitable al influjo de la Villa en Le Corbusier), una geometría que lo ordena todo, de manera radical, y que, al mismo tiempo, es más sutil de lo que aparenta: orden y sutileza en una poética netamente contemporánea, pero intensamente contagiada de la memoria del pasado, este es el objetivo del proyecto. La estrategia principal del proyecto se apoya en dos grandes ejes. El eje principal surge del espacio más singular de la Villa, el Canopo.
Se han hecho muchos estudios sobre la composición de la Villa, todos diferentes y, seguramente, todos acertados, suponiendo diferentes ejes visuales y compositivos, mediante complejas variantes, incluso empleando lo que el arquitecto griego Dimitris Pikionis llamaba el “Método Doxiadis”, en alusión a los estudios de uno de sus aventajados discípulos. Sin embargo, llama la atención el hecho de que cuando Piranesi realiza su grabado de la planta de la Villa toma como referencia de orientación el eje del Canopo, que también coincide con la dirección del acceso principal original; Piranesi, pues, nos ofrece una pista fundamental para el proyecto. De esta forma, orientamos la planta de la Villa como lo hizo Piranesi y trazamos un eje paralelo al Canopo que crea una banda de conexión entre dos elementos alejados en el paisaje, Roccabruna y el Mauselo de los Plauzi, definiendo lo que llamaremos Bulevar de los Horti Hadriani. Ortogonalmente a este eje, se trazan caminos que generan la compartimentación básica del Jardín agrícola. Esta geometría se traslada al entorno del Río Aniene, creando un Jardín fluvial, mediante sistemas lineales de arbolado, pasarelas, miradores, que conectan, física y visualmente, ambas márgenes, todo ello atravesado por un carril-bici que bordea el río.
El segundo eje arranca del Mausoleo de los Plauzi y convierte la actual Via Maremmana en otro bulevar, urbano, verde y activo, que complementa la composición. A partir de estos dos bulevares se construye este gran Jardín de la Cultura, puesto al servicio de la Villa Adriana, no solo para crear un entorno de protección respetuoso y más adecuado que el actual, sino para extender la memoria del emperador y de su obra.
En el borde del nuevo Bulevar de Maremmana se proyecta una banda de jardines, un sistema lineal que crea una fachada verde al exterior y un discurso continuo al interior. Como preludio al gran sistema de jardines de la Villa Adriana se crea un nuevo jardín de jardines, un edificio vegetal que, a la manera de un gran teatro de la memoria, construye un recorrido conceptual por la historia de la humanidad convertida en paisaje diseñado.
En los extremos del Bulevar de Maremmana se sitúan dos grandes conjuntos de equipamientos: en el norte el conjunto de hoteles y Centro de Congresos, ubicados en la forma triangular que define el Bulevar de los Horti, y en el sur el Centro comercial y el intercambiador.
El conjunto formado por el Centro de Congresos y los hoteles incluye zonas de aparcamientos y expansión para actividades al aire libre. Los tres hoteles, de 3, 4 y 5 estrellas, se conciben como un único edificio en planta baja, tipo mat building, en el que se mezclan los pabellones con los patios creando un nuevo jardín.
En el extremo se plantea un gran recinto con un nudo de intercambio de vehículos, un parking de grandes dimensiones, un pabellón para parada de autobuses, taxis y lanzadera, así como un Centro Comercial.
El Bulevar de los Horti Hadriani se concibe como una banda de actividades que divide el Jardín agrícola en dos zonas: al este huertos urbanos y frutales, al oeste viñedos y hierbas aromáticas. Al inicio el Centro de Recepción de Visitantes, semienterrado. A continuación, la domus agrícola, una secuencia ordenada de pabellones de actividades vinculadas con el campo, que también se entierran y se abren a nuevos jardines secretos, esta vez funcionales y didácticos. Al otro lado del bulevar, otros pabellones de actividades enterrados por completo, dejando ver solo cubiertas verdes que dan paso a la zona de frutales, perforando el terreno a la manera de arqueologías artificiales, con nuevos jardines secretos.
El Bulevar de los Horti finaliza en una plaza con la que se da inicio al Jardín subterráneo, que nos adentra definitivamente en la Villa. Este jardín subterráneo comienza con el Pabellón de acceso al recinto arqueológico propiamente dicho, en forma de hipogeo, aprovechando un desnivel del terreno: una edificación que alberga el control de entrada, tienda, aseo, pequeña cafetería y un espacio para la gran maqueta de la Villa. Desde el pabellón se crean dos conexiones con el exterior, en forma de túneles-trincheras: uno perfora la pequeña loma y lleva, por el lateral de las Cien Cámaras, a la entrada original de la Villa, permitiendo que los visitantes inicien en ese punto la visita, lo que favorecerá la comprensión de los restos, cambiando por completo el recorrido actual; otro, más largo, lleva hasta Roccabruna, permitiendo la conexión con un nuevo paseo que conecta con el Canopo. Un pequeño jardín secreto inicia la recuperación de los paseos en trinchera que bordean la plataforma de la Academia, llevando al Nuevo Museo del Canopo, parte fundamental del Jardín subterráneo. El Museo se plantea como un bloque lineal semienterrado que continua el frente del museo actual mediante una galería de tres alturas, y que se abre atrás a un espacio triangular, limitado por las trincheras de la Academia, perforado por un patio circular acristalado con un jardín de agua en su interior.
Finalmente, en la parte más alta de la villa se sitúa el Villaggio archeologico, que, de nuevo, toma forma intencionada de jardín, compuesto por los pabellones/contenedores que albergan a los que participan en las excavaciones arqueológicas, así como un edificio común conteniendo laboratorio de restauración y almacén de materiales, zona polivalente con espacio expositivo, biblioteca y sala de estudio, comedor-sala de trabajo, cocina, almacenes y aseos.